Club de Rol Tirada Oculta

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Información de la partida
  • Los Personajes Legendarios (ROLEMASTER)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Izanûr (Enano, Peña), Silmar (Noldor, Raul), Mirundiel (Silvano, Cardona), Togil (Hobbit, Ciu)

Resumen de Togil Chopoalto tras varias cervezas en la Taberna "El Barril de Ron"

Continuo el relato del otro día.

Silmar desatrancó la gran puerta y los diez aventureros nos deslizamos al interior. La Sala oscura pronto se reveló ante la luz mágica del martillo de Izanûr y el bastón del mago. Cuatro estatuas en los cuatro puntos cardinales custodiaban una cruz de los vientos dibujada en el suelo. Otra gran estatua, diferente a las otras cuatro, presidía la estancia mientras sostenía una daga afilada. Supusimos que al coger la daga se activaría alguna trampa mágica, posibilidad que confirmó el mago.

Izanûr, sagaz él, destruyó por completo 3 de las 4 estatuas, no fuera que cobraran vida como cierto golem de piedra, y nos creara dificultades. Cuando ya las había reducido a un montón de escombros escaló por la gran estatua presidencial y se apropió de la daga. Nada pasó. O Izanûr había roto la trampa o no había tal trampa.

Mientras, los otros aventureros entre los que no me incluyo porque estaba contemplando la obra destructiva del enano, buscaban señales de una abertura oculta que nos llevara a las catacumbas del templo. Encontraron en los restos de las estatuas de Izanûr y en la estatua central suficientes indicios (runas, dibujos, grabados, etc.) para pensar que el templo estaba dedicado a una deidad de la sangre y el sacrificio, o algo así.

Poco a poco fuimos atando cabos. En la cruz de los vientos había cuatro ranuras manchadas de sangre y la daga que se había apropiado Izanûr era realmente muy afilada. La solución era clara, pero solo Silmar tuvo la generosidad de ceder un poco de sangre. Izanûr también mostró su generosidad cediéndole solo por un momento su nueva daga para que se hiciera los cortes.

Tras depositar las gotas de sangre en las ranuras el mecanismo se puso en marcha; el suelo con la estrella de los vientos empezó a descender escalonadamente formando al fin una escalera de piedra que llevaba a las catacumbas. Cuando el proceso se completó una gran descarga de energía sacudió a Silmar, que salió despedido hacia atrás, sin consecuencias graves, afortunadamente.

Una vez abajo, avanzamos sigilosamente, pero esos corredores estaban infestados de orcos trepadores y pronto nos descubrieron. Al cabo de unos segundos una cuarentena de orcos avanzaron hacia nosotros, corriendo a ras de suelo o trepando por las paredes. Mirundiel, el joven con la venda y yo empezamos a descargar nuestras flechas mientras los otros preparaban sus armas y sortilegios.

La batalla duró poco. Aunque en desventaja de 4 a 1 no tuvimos demasiados problemas en exterminar a nuestros enemigos. Nuestras flechas certeras y nuestros fuertes brazos fueron demasiado rival para unos orcos pequeños y poco preparados, así que continuamos hasta que otro grupo de enemigos nos cortó el paso. Pero esta vez no eran orcos sinó unos seres extraños (que hicieron huir con su presencia a otros orcos que se acercaban), vestidos con túnicas y con el cerebro muy desarrollado.

No sabíamos si eran amigos o enemigos por lo que ninguno de los arqueros disparamos. Izanûr tenía la vena guerrera inflamada y se fué a embestirlos, pero los seres tenían un gran poder y en un momento estábamos los 10 aventureros obedeciendo sus órdenes. Nos guiaron a través de los túneles hasta que nos "depositaron" en una celda, sin nuestras armas, claro.

Cuando dejaron de controlarnos ya se habían ido y nos habían dejado con un Ogro carcelero, encerrados tras unas rejas en una sala. Empezamos a trazar planes para escapar pero alguien nos interrumpió: a la altura del suelo había una ventana con barrotes que comunicaba con otra celda a un nivel inferior. Dentro de ésta celda había unos seres más extraños incluso que los "cerebrines", pues se trataba de... cáspita, se me ha olvidado la descripción, pero creo que se parecían a un insecto palo. Esta laguna en la memoria debe ser por la manía de los "cerebrines" de manipular el cerebro. En todo caso se llamaban a sí mismos "Gernitas".

Ellos nos explicaron que nos encontrábamos allí para participar en una especie de arena de gladiadores para distraer al 'gran cerebro', un ser poderoso que mandaba sobre los "cerebrines" y que controlaba esa mazmorra y todos los seres que allí habitaban. También nos dijeron que tenían un plan y que nos necesitaban, pero que debíamos estar quietos hasta que ellos nos lo dijeran. En un principio no queríamos renunciar a escapar por nuestros propios medios pero acabaron por convencernos, por lo que esperamos a que nos llamaran para pelear.

Al cabo de unas horas llegó el Ogro carcelero, nos abrió y nos dijo que debíamos escoger sólo una de nuestras armas. No estábamos de acuerdo, así que Izanûr se lo hizo saber y, como el ogro no entraba a razones, nuestro querido enano no tuvo más remedio que escoger su rompecabezas y presentárselo a la cabeza del ogro... se quedó con una cara... juajuajuas!!

Sin un guía que nos llevara hasta el terreno de combate avanzamos sin rumbo. Por fortuna llegamos hasta unas grandes puertas custodiadas. Nos abrieron y allí estaba "el arena". No había público, solo los cinco "cerebrines" que transmitían mentalmente las imágenes del combate al "Gran Cerebro". También llegaron los Gernitas que, en principio, debían pelear contra nosotros en "el arena".

Cuando los "cerebrines" dieron la orden de empezar el combate y empezaron a controlarnos, los Gernitas empezaron a concentrarse para interceptar las órdenes celebrales. Surgió efecto y se abrió la caja de las tortas. En un momento 4 "cerebrines" habían caído y el 5º huía por un túnel secundario. Sólo Silmar salió tras él, mientras los demás avanzamos por el túnel principal.

Llegamos a una sala de calderas dónde esclavos humanos mantenían encendidos los hornos. Nos recibieron como libertadores y nos informaron donde se encontraba el "cerebrín" rebelde del que nos habían hablado los gernitas. Corrimos hacia allí, matamos a otro carcelero ogro, liberamos al "cerebrín" rebelde y le dimos un brazalete, que nos habían dado a su vez los Gernitas, y que por lo visto evitaba que el "Gran cerebro" controlara su consciencia.

Continuamos recorriendo las mazmorras y destruyendo todo lo que se cruzaba a nuestro paso hasta que llegamos a la sala donde habitaba el "Gran Cerebro" y que custodiaban varios ogros, orcos, "cerebrines" y perros monstruosos.

No es por hecharnos flores, pero entre todos no creo que tardáramos más de un minuto en liquidar a todos los monstruos y dejar el paso libre a Izanûr para que hiciera picadillo de Cerebro. Cuando su arma alcanzó un punto vital, el viscoso órgano viviente empezó a deshincharse hasta que quedó transformado en un tejido rosado y apestoso.

Pero justo en el momento que empezábamos a regocijarnos en nuestra victoria oímos un lastimero grito de auxilio. ¡Era Silmar! ¡Lo habíamos olvidado por completo! Retrocedimos por el pasillo que habíamos venido y luego torcimos a la derecha. Allí estaba Silmar, peleando (más bien aguantando) contra 4 ogros que salían de una sala. Izanûr volvió a ser "Expreso Izanûr" y mi arco volvió a silbar certeramente y así, en un abrir y cerrar de ojos, Silmar daba el golpe de gracia al último de sus enemigos.

Tras la tempestad llegó la calma y después el saqu... er... digo la búsqueda de nuestra recompensa. Encontramos algunos tesoros y objetos extraños en la sala del "Gran cerebro" y en la sala de los 4 ogros de Silmar. Al tener que repartirlo entre 10 tocó a muy poco para cada uno... sí, en serio, no me miréis con esa cara... y los esclavos que liberamos nos ayudaron a subirlo a nuestro barco.

Los Gernitas nos dijeron que se quedarían en el templo de la isla para limpiarla y no pusieron ningún impedimento para que Izanûr se llevara la daga-llave afilada, pues creían que había otra entrada menos conocida. El "Cerebrín" rebelde aceptó nuestra oferta de ejercer de "sabio" en nuestro futuro castillo y le dimos una carta para que se presentara ante nuestro administrador... y colorín colorado, esta historia se ha acabado. ¡Bolgaaaar! ¡Otra cerveza!