Club de Rol Tirada Oculta

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Jarrid159
Sendero7
Izanur6
Julius2
Rasiel2
Información de la partida
  • BCN by Night (VAMPIRO)
  • Master: Julius
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Alex (Brujah Corta-carne, Ciu), Lucía (Brujah "Menos hablar y más rajar", Lupe), Ada (Toreador "Me gusta pegar piños", Aran), Ramón (Tremere "Y Voilà... Fuego", Cardona), Roel (Gangrel "Mama miedo", Peña), Enema (Malkavian ofuscado, PNJ)

Resumen by Alex
Las primeras horas más allá del territorio de los hombres-jaguar pasaron tranquilas mientras seguíamos las indicaciones del cutre-mapa que nos habían hecho los misquitos. Esto fue así hasta que Ramón y Roel percibieron que alguien nos vigilaba. Alguien muy rápido, ya que cuando miraron solo vieron un destello plateado huir velozmente.

Poco después llegamos a una zona de vegetación baja donde, según Roel, era territorio de gorilas (aunque parecía una estupidez tenía razón). Preferimos cruzar sigilosamente esa zona antes que dar un rodeo de muchos kilómetros que podía hacernos perder el buen camino. Estábamos actuando como un grupo casi profesional de asalto, cruzando agachados y en perfecto silencio una selva virgen y llena de peligros. Hasta que llegó Ada pisando todas las hojas secas y moviéndose como una veleta etílica bajo un viento huracanado. Japuta.

Evidentemente, después de avanzar por un sendero unos centenares de metros, 3 gorilas enormes con el LOMO PLATEADO nos esperaban cerrándonos el paso. A los pocos segundos el más bestia de los tres se marchó dejando a sus lugartenientes como guardianes del camino. Entonces Roel utilizó sus habilidades simiescas (o animalísticas) para pedirle a uno de ellos que nos dejaran pasar. Yo me encaré al otro que empezó a ponerse agresivo, ya que según su puto lenguaje le estaba desafiando abiertamente. Como no entraban en razón Roel usó su poder para darle una orden directa al bicho de la derecha. Éste le dijo que vale, pero que por nuestro bien no debíamos ir más allá. Pero el otro ya había llegado al punto de cabreo que rebasaba su límite de tolerancia a mi desafiante presencia, y me atacó.

Cometí el error de esquivarle, por pura inercia, y eso le enfureció aún más. Entonces pegó un aullido y atacó con más rabia. Esta vez sí supe ser frío y recibí el golpe sin inmutarme. El gorila doliéndose de su zarpa se retiró acojonado y nos dejó vía libre para seguir nuestro camino. Eso sí, varios gorilas más estaban vigilantes para proteger a su comunidad. Pero por suerte para ellos no teníamos hambre. Todavía no.

El sendero, ni demasiado nuevo ni demasiado viejo, nos llevó montaña arriba, pasando entre dos monolitos que flanqueaban el camino y quizás marcaban la entrada a unas tierras con dueño. De los símbolos grabados en ellos nuestros "eruditos" nada pudieron sacar en claro.

El amanecer se acercaba y teníamos que encontrar refugio. Antes de que por fin localizáramos una cueva en una zona rocosa Lucía volvió a percibir la presencia de la rapidísima figura plateada. Supusimos, escarmentados de otras aventuras, que era un... ¡Hombre-Gorila!

Ya dentro de la gruta empezamos a montar las tiendas mientras Roel, en forma de murciélago, investigaba todos los rincones. Al poco rato volvió volando (nunca mejor dicho), se transformó en humanoide, cogió su mochila como un torbellino y gritó: ¡¡CORREEEEEEDDD!!

Sin saber exactamente la razón todos empezamos a correr, aunque yo, aún con el efecto estimulante de la sangre del ritual de Ramón corriendo por mis venas, frené mi carrera y me giré para ver qué nos amenazaba. Un murciélago-vampiro de 3 metros de envergadura se lanzó a por mi sangre, pero un certero golpe con mi espada hizo que su cuerpo se separara en dos mitades y fuera su sangre la que salpicara las paredes de la cueva. Me preparé para recibir a algún murciélago más pero desde fuera de la cueva escuché a Roel que gritaba "HAY MIIIILEEEESSS". Entonces sí me moví rápido: cogí a Ramón, que se había parado a recolectar sangre de las paredes, y lo lancé hacia fuera, luego salté yo y, finalmente, lancé una granada muy al interior de la cueva.

El ruido de la explosión quedó ligeramente debilitado por la roca, pero los efectos fueron devastadores. Había trozos de murciélago por todas partes y la gruta había quedado sellada por toneladas de roca. Nuestro equipo, a excepción de la mochila de Roel, también había quedado más allá de nuestro alcance, probablemente aplastado. A pesar de la mala situación en la que habíamos quedado, el consuelo era que había suficientes metros de gruta como para que todos pudiéramos dormir a salvo del Sol. Por si acaso Roel completó la seguridad "reclutando" a una anaconda gigante para que no dejara pasar a nadie ni a nada.

La siguiente noche proseguimos el viaje más ligeros que de costumbre, y en menos de una hora alcanzamos una de las marcas que indicaba el plano. Solo nos quedaba una marca más antes de llegar a la meta. Justo en aquel momento detectamos que había 3 hombres-gorila de lomo plateado vigilando nuestros pasos. La situación empezaba a ser estresante.

Seguimos el camino y poco después Ramón vislumbró una construcción medio derruida. Aunque la estuvimos investigando no pudimos sacar nada en claro, ni siquiera su origen. Pero una cosa sí supimos en ese momento gracias a los poderes de Ada: los seres que nos seguían eran efectivamente hombres-simio, eran inteligentes e iban armados con grandes alabardas.

Hartos de sentirnos observados decidimos tomar la iniciativa. Ada usó su poder de 'Majestad' y, mierda para ella, yo fui el que más caí en su embeleso, quedando en todo momento atento a sus deseos. La zorra (eso lo digo ahora, no entonces) pidió a los simios que salieran y hablaran. Como hicieron caso omiso a sus deseos cogió una rabieta de las suyas y murmuró entre dientes algo como "os arrepentiréis, seres inferiores". Un pestañeo después, Ada tenía el penacho de una flecha serrada emergiendo de su vientre.

Yo me puse enseguida entre ella y el origen del ataque y les dije en español (lo debían entender si habían entendido "seres inferiores") que salieran para que pudiéramos hablar y acabar con ese juego estúpido. No salieron ni dijeron nada, así que proseguimos el viaje con los ojos puestos en todas partes y las armas fuera de sus fundas.

Pero no habíamos recorrido ni cien metros cuando nos topamos frente a frente con uno de esos seres, de aspecto pálido y con el pelo plateado. Nos pidió que nos fuéramos, que no éramos bienvenidos. Intentamos persuadirle con palabras y con poderes de que no causaríamos problemas, pero su respuesta siempre era la misma: "Marchaos". El tío, cansado de decir siempre lo mismo y no ser escuchado, nos atacó con una velocidad asombrosa a cada uno de nosotros cinco (Enema se había esfumado). Su puñetera alabarda parecía estar hecha por el mejor herrero de América y bendecida por los antiguos dioses incas. Atravesó completamente nuestros chalecos antibala y nuestra dura piel. Antes de que nos diéramos cuenta el tío volvía a estar en su posición inicial con cara de póker y nosotros con una profunda herida cada uno.

Quizás deberíamos intentado negociar, o quizás ganar tiempo, o quizás retirarnos. Quizás, quizás, quizás. Ada fue la primera en atacar en celeridad. Yo, al ver su ataque y siendo evidente de que ya no podríamos dialogar nada más, también me lancé a por él. Ese ser resultó no ser tan duro como pensábamos y en un momento acabó dividido en dos mitades. Antes de que sus compañeros pudieran reaccionar me aseguré de alimentarme un poco del líder plateado y de preparar de nuevo mi katana.

Roel, un poco acojonado e incluso molesto por el giro de los acontecimientos, me sugirió que mostrara el cadáver de nuestro enemigo para hacer ver a los demás seres que yo era ahora el líder. Para hacerlo más espectacular le corté la cabeza (al tío del pelo blanco, no a Roel), y la mostré a sus compañeros. Pero lo realmente espectacular fue lo de ellos. No eran 2. Eran 14. Todos armados con la afilada alabarda del demonio, y sin mostrar ningún tipo de sumisión por ver que su líder hubiera perdido la cabeza.

La última oportunidad antes de empezar a intercambiar hostias era pedir negociación o, directamente, rendirnos. Roel clamaba por esta última posibilidad y yo empezaba a pensármelo. Pero Lucía, como buena Brujah (a veces parezco un nenaza, cagontó), atacó al primero despedazándolo con la alabarda que el líder había dejado huérfana. Al ver esto, Roel se cagó en nuestros antepasados y se esfumó convertido en niebla, dejándonos más tirados que una colilla. Que decepción de tío, tan valiente contra garous y tan cobarde contra los bichos desconocidos.

Yo también podría haberme fusionado con la tierra y salvar mi pellejo pero no quería dejar a mi hermana y a los demás solos ante la que posiblemente iba a ser nuestra última batalla. Lucía, Ada, Ramón y yo contra 13 hombres-simio súper-rápidos y con un arma poderosa cada uno. Nuestra única ventaja: su carne parecía mantequilla cuando la cortábamos con nuestras espadas.

Empezamos recibiendo varios o muchos ataques consecutivos de los primeros enemigos que llegaron hasta nosotros, pero por suerte no eran tan fuertes como su líder. No lograron tumbarnos aunque sí herirnos. Después nos tocó a nosotros. Ramón creó un fuego de la nada y despistó a la segunda oleada de atacantes. Eso nos dio el respiro suficiente para curarnos las heridas y lanzar un contraataque mortal en celeridad que se llevó por delante a 7 de esos seres. Ya casi habían perdido la ventaja numérica y, por nuestros cojones, también habían perdido la ventaja moral.

Resistimos de nuevo los ataques de los hombres-simio supervivientes y eso, finalmente, fue su sentencia. En nuestro segundo contraataque la escabechina fue definitiva y no dejamos títere con cabeza.

Lo siguiente que hicimos fue, evidentemente, saciar nuestra sed con los cuerpos todavía calientes de nuestros enemigos muertos. Pregunté a Ramón si podía saber qué clase de seres eran a partir de su sangre y me respondió sin vacilar: ghouls. ¡Ghouls! ¡¡¡GHOULS!!! ¡Unos simples y casi débiles ghouls! Me cago en la puta que cagó a Ada y a toda su familia. Porque es una vampira que si no hubiera pensado que iba emporrada perdida. H-I-J-A-D-E-P-U-T-A. Si lo hubiera sabido antes no hubiéramos hecho el ridículo intentando parlamentar o reclamando el liderazgo de la manada de hombres-nada.

La mala noticia para todos era que si existían tantos ghouls poderosos en la zona su amo, fuese quien fuese, debía ser terrible. Y además nos disponíamos a penetrar en sus dominios sin ninguna invitación previa y habiendo destruido a 15 de sus sirvientes. Con dos cojones.