Club de Rol Tirada Oculta

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Jarrid159
Sendero7
Izanur6
Julius2
Rasiel2
Información de la partida
  • BCN by Night (VAMPIRO)
  • Master: Julius
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Alex "Vandam" (Brujah saltarín, Ciu), Lucía (Brujah resuelve-misterios, Lupe), Ada Ducroix (Toreador sedienta de poder, Aran), Ramón (Tremere cada vez más útil, Cardona), Roel (Gangrel desaparecido, Peña)

Resumen de Alex
Después de la grn matanza nos dispusimos a irnos. Pero por alguna extraña razón mi cerebro mi cerebro se puso en funcionamiento y propuse a mis compañeros que registráramos a nuestros enemigos caídos. Quizás pudiéramos obtener algo de información de su amo.

Mi intuición no me había fallado. Tras descubrir unos tatuajes en forma de Anhk en sus nucas, un colgante extraño con símbolos egipcios y un tatuaje enorme en el pecho del líder con la forma del objeto que habíamos venido a buscar llegamos a varias conclusiones poco halagüeñas. El Señor de este dominio debía ser un vástago originario del Antiguo Egipto. Probablemente se encontrara en letargo y los ghouls, que ya habían sobrevivido varias generaciones protegiendo la zona, lo consideraban un Dios. Aunque probablemente no conocían su verdadera naturaleza. Además, el objeto de gran poder que pretendíamos, estaba en poder de este vampiro. El enfrentamiento era inevitable.

En esos momentos llegó Roel que, después de haberse esfumado cobardemente convertido en niebla, había sobrevolado la selva investigando vete a saber qué. El caso es que había localizado un templo rodeado de edificios en ruinas a poco más de quince minutos en línea recta, a vuelo de murciélago, eso sí. De todas maneras el gangrel se había sentido observado al llegar a ese lugar y había preferido venir a avisarnos antes de hacer nada más. Esa presencia que había notado lo debía haber afectado mucho porque en vez de acompañarnos prefirió ocultarse en la tierra para "descansar". Cobarde.

Poco después de reanudar la marcha descubrimos un sendero, o más bien dicho lo descubrió Ramón en un acto en el que se demostró que él tenía más carisma dentro del grupo que yo, ya que mis compañeros prefirieron seguir sus indicaciones antes que las mías. Panda de ingratos.

Siguiendo el sendero a punto estuvimos de caer en una trampa con un montón de estacas de bambú en el fondo de un agujero, pero nuestros desarrollados sentidos nos advirtieron a tiempo. Igual que nos advertían que una inquietante presencia nos observaba oculta en la selva. Nuestros intentos de localizarla eran en vano.

Antes de que se cumpliera una hora de caminata llegamos ante las ruinas. Según el mapa que nos habían dado los Misquito este era nuestro destino final. Habíamos encontrado el templo legendario.

Lo primero que hicimos fue ocultarnos en una pequeña sala de unos de los edificios en pie, desde el cual podíamos observar parte de la ciudadela. Entonces Ramón se ofuscó y salió a reconocer el terreno y Ada salió rifle en mano para hacer de vigía. Según lo que iba comentando por los intercomunicadores continuaba notando la presencia de ojos rojos acechándonos. Decidí intentar darle la vuelta a la tortilla y acechar a nuestros acechadores. Para ello me convertí en murciélago y salí en celeridad de nuestro refugio hacia la selva. Cuando me había alejado lo suficiente me convertí en lobo y regresé poco a poco hacia las ruinas.

No tardé mucho en notar una presencia que venía a mi encuentro tranquilamente. Cuando apareció tras unos matorrales pude ver que se trataba de un enorme jaguar blanco. Era evidente que era un ser sobrenatural. El bicho, que creía que yo era un lobo, me hizo comprender que no era bienvenido a su territorio y que debía irme. Preferí seguirle el juego por el momento a la espera de aprender más de los peligros que nos envolvían. Me alejé en dirección contraria a las ruinas.

Estuve varios minutos alejándome mientras pensaba (otra vez mi cerebro en funcionamiento, algo raro me pasa). Antes de venir a la selva me había informado sobre los jaguares, sobretodo porque creía que los hombres-jaguar tendrían un comportamiento similar a los animales, así como los garous lo tienen con los lobos normales. Estos felinos eran muy fieros pero eran animales solitarios y muy territoriales. Además estudiaban a sus víctimas antes de cazarlas. Fuera ghoul o cambiante, el jaguar que me había expulsado estaba solo, nos estaba estudiando oculto en la selva y esperaba el momento propicio para cazarnos uno a uno. Era el momento propicio para volver y advertir a mis socios.

Me convertí de nuevo en murciélago y salí pitando hacia las ruinas. Encontré a Lucía y Ramón investigando los muros de los edificios en pie, buscando una cerradura para el colgante, ya que ellos creían que era una llave para acceder al subsuelo. Les advertí del peligro igual que a Ada por el intercomunicador. Sorprendentemente llegó corriendo en menos de 30 segundos. Había estado jugando al gato y al ratón con el jaguar y éste la había atacado. El hecho de que la Toreador hubiera podido escapar con celeridad indicaba que la bestia no era más que un ghoul. Podíamos acabar con ella.

Mientras Ada subía a lo alto de un edificio para vigilar los demás buscamos en los edificios la cerradura para nuestra llave. Sabíamos que por el momento el jaguar no se atrevería a atacarnos a todos en campo abierto.

Pero los acontecimientos se precipitaron a nuestro favor. Ada consiguió localizar a la fiera y antes de que esta pudiera escabullirse para seguir vigilándonos desde otra posición, la toreador le dio una orden a la que ningún ser mortal podía resistirse: "Muéstrate". El animal salió de su escondite y se acercó mansamente a nuestra posición. Ése era el momento. Desenvainé mi espada y fui a por él. El animal, que solo seguía la orden de acercarse, notó mis intenciones y salió disparado hacia mí. A punto estuvo de rajarme con sus poderosas garras, pero yo fui mejor y pude alcanzarle con mi espada de hielo. Cuando puse los pies en el suelo la bestia estaba partida por la mitad expirando su último aliento. De su cuerpo pudimos alimentarnos los cuatro y aún sobró para que Ramón pudiera extraer unas muestras de su sangre. Un examen concienzudo de sus restos nos reveló que tenía un ankh grabado a fuego entre el pelaje. Efectivamente era un ghoul.

Libres de la presencia del guardián del templo los cuatro pudimos concentrarnos en buscar la entrada a las catacumbas. Algunos edificios tenían una losa en su tejado. Con toda la fuerza que pude reunir conseguí levantar una, pero en el interior no había nada excepto enredaderas con un diámetro enorme que se infiltraban a través de un agujero hacia las profundidades. Hubiera costado noches enteras arrancarlas para poder abrirnos paso.

Por suerte Lucía y Ramón no tardaron en encontrar lo que buscaban. Un pequeño agujero en lo alto de un edificio encajaba con la forma del colgante. Al introducir la llave y girarla toda una sección de un muro se movió para dejar al descubierto unas escaleras que descendían a los abismos.