Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
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Jarrid158
Sendero7
Izanur6
Julius2
Rasiel2
Información de la partida
  • Honor tras el filo de la Espada (LEYENDA DE LOS 5 ANILLOS)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Mirumoto Mifune (Bushi Dragón, Peña), Kakita Motsume (Shugenja Grulla, Ciu), Ashako Sato (Shugeja Fénix, Lolo), Hidá (Bushi Cangrejo, Raul), Kawa Nimbo (Bushi Unicornio, Cardona).

Resumen de Kakita Motsume
Buscando sitio para acampar Sato detectó que unos lobos nos observaban y yo determiné que algo más les acompañaba. Mifune salió alocadamente a su encuentro y para cuando los demás llegamos hasta él ya estaba enzarzado en combate con un monstruoso lobo de más de 2 metros de envergadura. Hidá fue en su ayuda mientras Sato y yo nos concentrábamos para realizar unos hechizos que apenas fueron necesarios, pues fuertes son las manos que empuñan las armas de Mifune y de Hidá.

Tras asegurar la zona pasamos la noche en la ribera y a la mañana siguiente emprendimos la marcha. Una semana después llegábamos a nuestro destino: un pueblo de nueva construcción que debía albergar al nuevo clan de la libélula.

El señor Kiba, jefe del clan, mediante la intervención del mercader Ame, nos hizo el honor de permitirnos alojarnos en su torre mientras decidíamos la fecha de nuestro regreso. Durante ese día pudimos descubrir los comercios y tabernas del poblado, y Hidá descubrió las particularidades del sake de la región.

Pero por la noche algo perturbó la tranquilidad del pueblo. El tañido alarmante de las campanas quebró nuestro sueño y nos empujó a ceñirnos nuestro daisho. Como fui la primera en bajar me separé del resto de mis compañeros, pero descubrí antes que ellos la amenaza: el pueblo era atacado por un ejército de seres de las tierras sombrías.

Tras varios intercambios de golpes nos dimos cuenta que eran en realidad muertos vivientes, y que solo podían ser abatidos si se les destruía la cabeza. Tarde lo descubrimos un gening del clan de la libélula y yo, que sufrimos graves heridas, aunque no mortales, antes de vencer a uno de esos seres. Mis compañeros habían tenido más fortuna y pudieron derrotar a muchas de esas criaturas sin apenas recibir daño.

Vencimos a un alto precio de vidas humanas, pero todos sabíamos que algo maligno se cernía sobre el dominio del señor Kiba.